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Un tejido se realiza por el cruzamiento de hilos: la urdimbre, tendida desde atrás hacia delante, constituye el armazón del telar; y la trama, dejada de manera transversal por una canilla, transportada por una lanzadera de un lado a otro del telar. El modo de cruzamiento de los hilos se llama ligamento, cuyas formas más frecuentes son el ligamento satén, el ligamento sarga (o diagonal), el ligamento tafetán, el más sencillo (se separan los hilos pares de los hilos impares para dejar la lanzadera pasar).
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En dicho telar, el tejedor tiene una palanca, y un pedal. Cuando el pie acciona dicho pedal, se sube parte de la urdimbre (hilos pares, por ejemplo) gracias a los lizos (bastidores que suben los hilos) o gracias a la máquina Jacquard.
Entre las dos partes de hilos de urdimbre así separadas se abre un pasaje: la calada, en la cual el tejedor lanza manualmente la lanzadera con el “botón” relacionado con cuerdecitas. Luego, tira del batan de madera con peine, el que apretuja el hilo de trama (que acaba de insertarse) contra el hilo precedente y así garante la cohesión del tejido. El conjunto de movimientos del tejedor dio la famosa formula del Bistanclac o Bistanclac-Pan:
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-BIS: el pie sube los hilos
-TAN-CLAC: la lanzadera pasa en la calada
-PAN: el batan apretuja el tejido
Cada hilo de la urdimbre pasa por un anillo (o “cucaracha” en francés), unido con una arcada vertical atada a un gancho de la máquina. Cada gancho está unido con una aguja encargada de “leer” la tarjeta que se coloca en frente:
- Si se enfrenta con un agujero, avanza y el gancho es levantado por un “cuchillo”, levantando así el hilo de la urdimbre correspondiente.
- Si se enfrenta con la tarjeta, el gancho no se mueve y no levanta a ningún hilo.
La tarjeta gira hasta que el motivo se acabe y luego sigue, automáticamente, en un movimiento infinito. Son necesarias unas treinta pasadas para realizar un centímetro de tejido y se puede hacer hasta 100 pasadas por minuto, o sea producir 5 metros de tejido sencillo por día.
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La máquina Jacquard, cuyo nombre viene del famoso inventor lionés (1805), resuelve el problema (y sustituye a los niños) con unos ganchos, unidos con la urdimbre por millares de cuerdas (las arcadas). Sólo se levantan los hilos cuyos ganchos pasan por los agujeros de una tarjeta que gira, preparado previamente según los motivos y los colores del tejido…
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Es un tafetán con reflejos variados, porque el tejido se realiza con tres colores: un color para la urdimbre y 2 para la trama; la lanzadera contiene dos canillas, las que van colocando 2 hilos paralelos. Dicha técnica requiere mucha precisión por parte del tejedor. Este telar no tiene ninguna máquina.
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El tejido labrado (Damasco de Lyon, lampazo,…) es más complicado y requiere (al menos en nuestros telares) la utilización de una máquina Jacquard, colocada encima del telar (cuya altura alcanza al menos los 4 metros). Se fabrica la tarjeta perforada a partir del dibujo a reproducir; dicha tarjeta manda el levantamiento de la urdimbre. Cada hilo de la urdimbre pasa por un anillo (o “cucaracha” en francés), unido con una arcada vertical atada a un gancho de la máquina. Cada gancho está unido con una aguja encargada de “leer” la tarjeta que se coloca en frente:
- Si se enfrenta con un agujero, avanza y el gancho es levantado por un “cuchillo”, levantando así el hilo de la urdimbre correspondiente.
- Si se enfrenta con la tarjeta, el gancho no se mueve y no levanta a ningún hilo.
La tarjeta gira hasta que el motivo se acabe y luego sigue, automáticamente, en un movimiento infinito.
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La mayoría de nuestros telares, incluso los de pasamanería, corresponden a este tipo. El telar presentado por el Sr. Mattelon es excepcional porque incluye dos máquinas al lado una de otra: una manda el fondo liso, otra manda el decorado (los motivos del dibujo). Se pudieron conservar las tarjetas del siglo 19.
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Se trata de fabricar piezas estrechas (cordones, pasamanos,…), asociando una docena de mini-telares (con urdimbre, trama, lanzadera y tarjeta) funcionando todos a la vez. La riqueza de los materiales usados (hilos cubiertos de oro o de plata) aumenta la calidad del producto. Hay que imaginar cuanta vigilancia tenía que demostrar el pasamanero, el que produce a la vez 16, 32 o 48 pasamanos, en el caso de que tenga 1, 2 o 3 telares, tal como era el caso aquí. El equipo eléctrico añadido a antiguos telares manuales permite que el trabajo sea menos difícil, pero hay que estar más atento.
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